La conversión del Islam
Edició08-03-2010 |levante-emv.com
En pocos meses, Ciscova ha absorbido a la mayoría de entidades mahometanas. Ya es la más fuerte. Su objetivo ahora es acabar con la fragmentación de los colectivos islámicos para favorecer la interlocución con las administraciones públicas. Sin embargo, su proyecto de crear un Consell Islàmic elegido democráticamente genera recelos entre la vieja guardia.
PACO CERDÀ, VALENCIA Dijo Mahoma: «Si la montaña no viene a mí, yo voy a la montaña». Y Said Ratbi, como buen musulmán, se ha aplicado la lección. Hace un lustro, desde su bastión de la Vall d´Uixó, intentó unificar todas las mezquitas valencianas bajo una única federación autonómica. Lo consideraba esencial para facilitar la interlocución con las administraciones públicas y mejorar las condiciones de los hijos de Alá. El proyecto, sin embargo, fracasó por la oposición de la vieja guardia musulmana en la Comunitat Valenciana, representada en las entidades hegemónicas de Ucideval y Feeri. Pero Said Ratbi no se desanimó. En 2008, con el apoyo del Centro Cultural Islámico de Valencia y el colectivo Al Taufik de Elx, fundó una tercera federación autonómica: el Consejo Islámico Superior de la Comunitat Valenciana (Ciscova). Ése era el trampolín alternativo desde el que pergeñar el proyecto unificador. Y en menos de dos años, Said Ratbi ha visto cómo su montaña está cada día más cerca.
Ciscova ya es la federación valenciana con más comunidades islámicas en su seno. Después de atraerse a decenas de comunidades independientes, crear nuevas asociaciones y arrebatarle colectivos a Ucideval con dolorosas bajas legales de por medio, la federación presidida por Said Ratbi aglutina a 48 entidades y ha conseguido dominar toda la provincia de Castelló y media Valencia. Enfrente tiene a la Unión de Comunidades Islámicas de España en Valencia (Ucideval), con 30 asociaciones que controlan Alicante y la otra mitad de Valencia. Ahora son los dos grandes contrapesos del islam autonómico, aunque sin olvidar la relevancia que aún mantiene la Federación del Consejo Islámico —adherida a Feeri—, gracias al control de las tres grandes mezquitas en las capitales de Valencia, Alicante y Castelló.
Se trata de un complejo entramado que actualmente ronda las 95 entidades registradas (el doble que en 2007) y que representa a 130.000 creyentes, según los datos de la Generalitat. El rombecabezas ya tiene demasiadas piezas y hay que unificarlo para que el islam valenciano tenga una sola voz. Eso es lo que persigue el Ministerio de Justicia, responsable estatal de los asuntos religiosos, y lo que apoya la Generalitat. También es la montaña que ansía alcanzar la Ciscova de Said Ratbi: un Consell Islàmic de la Comunitat Valenciana que agrupe a las tres grandes federaciones y a todas las entidades independientes, y cuya junta directiva sea elegida democráticamente por toda la comunidad musulmana. Pero no será fácil conseguirlo.
Ciscova trasladó esta propuesta a los dirigentes de Ucideval hace tres meses y aún no ha obtenido respuesta. Said Ratbi considera que ese silencio esconde un cierto temor a la democracia por parte de una federación que funciona de forma «teocrática» y que «sabe que no va a salir elegida» , en palabras del presidente de Ciscova. «De momento, Ucideval no quiere crear ese consejo autonómico, pero con el tiempo se quedarán solos, marginados. Dentro de un año, aunque no quieran, pensamos convocar elecciones autonómicas por iniciativa propia. Ya estamos en precampaña. Y miedo no tenemos», asegura desafiante y convencido Said Ratbi, quien cree que para entonces el dominio de su federación puede ser «aplastante» frente a dos federaciones en las que el paso del tiempo «sólo ha cambiado los pelos de las barbas, que son más blancos que antes, pero no han cambiado ni los responsables ni sus mentalidades».
«No es un partido político»
Ihab Fahmy prefiere responder a este envite con un tono conciliador. Es el coordinador de Ucide para la Comunitat Valenciana, Murcia y Baleares, y no cree en la necesidad de crear un Consell Islàmic autonómico. «Las Corts no han asumido las competencias religiosas. Y si el interlocutor es el Estado, nos parece que lo más adecuado es tener una representación a nivel estatal», explica. Menos todavía le convence que ese hipotético organismo sea elegido de forma democrática. «Hay que buscar el consenso entre todos los musulmanes y hay que tener claro que aquí estamos hablando de representatividad religiosa. Si lo que buscan es representar a todos los musulmanes, en vez de a la religión musulmana, que creen un partido político islámico y entonces ya hablaremos de democracia, papeletas y un hombre, un voto», añade Ihab Fahmy.
Su postura conservadora es combatida desde el Ministerio de Justicia. José Antonio Ranz, técnico de la Fundación Pluralismo y Convivencia y profundo conocedor de la realidad islámica valenciana, aduce que «la libertad religiosa es competencia estatal, pero la gestión de la diversidad religiosa sí que es competencia autonómica». Y pone algunos ejemplos de esta transversalidad. Es la Conselleria de Educación la que tendría que nombrar a los profesores de islam en las escuelas públicas. Es la Conselleria de Sanidad la encargada de gestionar el servicio de comida halal en los hospitales o de habilitar los espacios de oración multiconfesional en los centros hospitalarios. Es la Conselleria de Justicia la que ha de vigilar que los musulmanes internados en las cárceles o en los centros de reeducación de menores puedan tener cubiertas las necesidades que establece su credo. Y son los ayuntamientos, en fin, los que han de tramitar la posibilidad de enterramientos ajustados al culto musulmán.
Para favorecer todo ello, agrega el técnico de Justicia, se necesita una interlocución fluida entre la comunidad musulmana y la administración. Y ello pasa, en opinión de Ranz, por la constitución de un Consell Islàmic de la Comunitat Valenciana.
Heridas de la fractura de 2005
Ahora bien: en este proceso se corre el peligro de romper con Ucideval y el carismático Ihab Fahmy, hombre puente entre la mayoritaria Ciscova y la simbólica Gran Mezquita de Valencia, adherida a Feeri. Unos y otros no se hablan. Sus responsables, de hecho, ni se conocen en persona. Desde la gran fractura de 2005, cuando los ciudadanos sirios expulsaron de la Gran Mezquita de Valencia al Centro Cultural Islámico —reconocido por su dinamismo social y cultural y encuadrado como pieza clave de Ciscova—, las relaciones han ido a peor. Y ahora, a la sempiterna lucha interior que late en la Gran Mezquita se le añade los recelos por la pujanza de la rival Ciscova.
Sin embargo, eso no inquieta a Imad al Naddaf, alma de la Gran Mezquita de Valencia y representante de Feeri en tierras valencianas. Cuando se le pregunta por el nuevo brío de sus rivales, Al Naddaf enseguida saca músculo y alude a la capitalidad de sus tres grandes mezquitas y a la «diversidad nacional y generacional» de sus integrantes. Además, Al Naddaf es consciente de su gran ascendencia entre los musulmanes del cap i casal. Todo ello son sus baluartes. Pero Al Naddaf no busca polémicas. Al contrario: insta a todas las partes a «sentarse y dialogar» para hacer posible un Consell Islàmic de la Comunitat Valenciana que, a priori, ve con buenos ojos. «Es un proyecto ambicioso que necesita tiempo para ver la luz y sobre el que las tres federaciones nos hemos de poner de acuerdo. Estamos dispuestos a escuchar y dialogar sobre un proyecto que, ante todo, ha de buscar el interés común: el de los musulmanes y el del país de acogida», añade tras a oración del viernes.
El bien común y el avance de la integración: ésa es la verdadera montaña que todo el islam valenciano dice buscar. Ahora falta por ver cuándo la alcanzan y si la ascensión resulta una tranquila escalada en grupo o acaba siendo una carrera llena de obstáculos y peligrosas tensiones.