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El creciente sentimiento antiinmigracion aupa a la ultraderecha sueca

Edició09-09-2018 |https://www.lavanguardia.com

 

Suecia afronta este domingo unas elecciones que muchos han descrito como las más cruciales de las últimas décadas, incluso de la historia moderna del país, en las que se prevé una sacudida que amenaza con quebrantar la tra­dicional política de dos bloques –centroizquierda y centroderecha— ante el alza de la extrema derecha, que podría colocarse ­como segunda fuerza en el Parlamento sueco (Riksdag).

Todas las encuestas auguran un crecimiento exponencial de los Demócratas de Suecia –partido nacionalista y antiinmigración, con raíces en los movimientos neonazis–, a la vez que prevén una caída significativa del Partido Socialdemócrata, actualmente en el Gobierno y el más grande y más longevo del país nórdico, dominante en la política sueca durante el último siglo.

Los Demócratas de Suecia (SD, por sus siglas en sueco), liderados por Jimmie Åkesson, han basado su política en la crítica a la inmigración masiva de los últimos años, vinculándola a un aumento de la criminalidad y señalándola como una amenaza para el Estado del bienestar. Y han conseguido que su discurso centre la campaña electoral, que ha girado en torno a la política migratoria y a las cuestiones de ley y orden, por encima de los aspectos sociales y económicos, pese a que el producto interior bruto de Suecia crece a un ritmo superior al 3% y el desempleo se sitúa en el nivel más bajo de la última década (el 6% según las últimas cifras). Los Demócratas de Suecia (SD) podrían acabar como segunda fuerza del Parlamento

Pero la última legislatura no ha sido un camino de rosas para el Gobierno rojiverde del primer ministro Stefan Löfven, que ha tenido que gobernar en minoría –socialdemócratas y ecologistas, con el apoyo de la izquierda poscomunista—, superar dos mociones de censura, y hacer frente a uno de los retos sociales más importantes de las últimas décadas, la gran crisis migratoria procedente de Oriente Próximo, mayoritariamente de Siria.

Suecia, un país con alrededor de 10 millones de habitantes, recibió entre el 2013 y el 2017 unos 353.000 demandantes de asilo, con un punto álgido en el 2015, cuando llegaron más de 162.000 refugiados, el doble que el año anterior y la cifra per cápita más alta de la Unión Europea. Hasta entonces, la regla general era la concesión de un permiso de residencia permanente, pero en el 2016 el Parlamento sueco aprobó una nueva ley sobre política de asilo para sustituir los permisos permanentes por temporales y restringir el reagrupamiento familiar y las ayudas económicas. El Gobierno de centroizquierda sueco tuvo que cambiar su discurso de una Europa sin muros a implantar controles de pasaportes en la frontera con Dinamarca.

Suecia afronta este domingo unas elecciones que muchos han descrito como las más cruciales de las últimas décadas, incluso de la historia moderna del país, en las que se prevé una sacudida que amenaza con quebrantar la tra­dicional política de dos bloques –centroizquierda y centroderecha— ante el alza de la extrema derecha, que podría colocarse ­como segunda fuerza en el Parlamento sueco (Riksdag).

Todas las encuestas auguran un crecimiento exponencial de los Demócratas de Suecia –partido nacionalista y antiinmigración, con raíces en los movimientos neonazis–, a la vez que prevén una caída significativa del Partido Socialdemócrata, actualmente en el Gobierno y el más grande y más longevo del país nórdico, dominante en la política sueca durante el último siglo.

Los Demócratas de Suecia (SD, por sus siglas en sueco), liderados por Jimmie Åkesson, han basado su política en la crítica a la inmigración masiva de los últimos años, vinculándola a un aumento de la criminalidad y señalándola como una amenaza para el Estado del bienestar. Y han conseguido que su discurso centre la campaña electoral, que ha girado en torno a la política migratoria y a las cuestiones de ley y orden, por encima de los aspectos sociales y económicos, pese a que el producto interior bruto de Suecia crece a un ritmo superior al 3% y el desempleo se sitúa en el nivel más bajo de la última década (el 6% según las últimas cifras).

Los Demócratas de Suecia (SD) podrían acabar como segunda fuerza del Parlamento

Pero la última legislatura no ha sido un camino de rosas para el Gobierno rojiverde del primer ministro Stefan Löfven, que ha tenido que gobernar en minoría –socialdemócratas y ecologistas, con el apoyo de la izquierda poscomunista—, superar dos mociones de censura, y hacer frente a uno de los retos sociales más importantes de las últimas décadas, la gran crisis migratoria procedente de Oriente Próximo, mayoritariamente de Siria.

Suecia, un país con alrededor de 10 millones de habitantes, recibió entre el 2013 y el 2017 unos 353.000 demandantes de asilo, con un punto álgido en el 2015, cuando llegaron más de 162.000 refugiados, el doble que el año anterior y la cifra per cápita más alta de la Unión Europea. Hasta entonces, la regla general era la concesión de un permiso de residencia permanente, pero en el 2016 el Parlamento sueco aprobó una nueva ley sobre política de asilo para sustituir los permisos permanentes por temporales y restringir el reagrupamiento familiar y las ayudas económicas. El Gobierno de centroizquierda sueco tuvo que cambiar su discurso de una Europa sin muros a implantar controles de pasaportes en la frontera con Dinamarca.

La gran mayoría de los refugiados que llegaron a Suecia en el 2015 lo hicieron en el último trimestre, lo que sometió a gran tensión los servicios públicos. Un gran número de ayuntamientos alertaron de que no tenían suficientes recursos para dar respuesta a la ola de recién llegados, y esta situación dio alas a los Demócratas de Suecia, que ese año incrementaron su número de afiliados en casi un 50%.

 

 

 

 
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